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El jaque mate de OHLA en Canalejas: soltar el lujo para amarrar la rentabilidad

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El jaque mate de OHLA en Canalejas: soltar el lujo para amarrar la rentabilidad
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El centro de Madrid ha sufrido en la última década una metamorfosis sin precedentes, y en el corazón de esa transformación se erige el complejo Canalejas. Un proyecto faraónico que, desde sus inicios, ha sido tanto un símbolo de estatus como un verdadero quebradero de cabeza financiero. El culebrón inmobiliario más fascinante de la capital está a punto de escribir su último y definitivo capítulo. Hace apenas unos días, OHLA ponía las cartas sobre la mesa: su intención firme es poner a la venta la Galería Canalejas antes de que acabe este mismo año, buscando ingresar una cifra que supere los 200 millones de euros. Atrás parecen quedar los sueños de grandeza y el ego del ladrillo; hoy, la constructora controlada por los hermanos Amodio tiene un objetivo mucho más terrenal y pragmático: reducir su apalancamiento, centrarse en negocios predecibles y dejar atrás los pesados legados del pasado.

Cualquier inversor que entienda cómo funciona el mercado a largo plazo sabe perfectamente que el valor real de una compañía no se mide por lo imponentes que sean sus edificios, sino por su capacidad para generar flujos de caja consistentes y mantener un balance blindado. En este sentido, Canalejas ha sido durante mucho tiempo un elefante blanco. Concebido en la época de Juan Miguel Villar-Mir como el gran epicentro del lujo europeo, el desarrollo ha transitado por todo tipo de vicisitudes. Paralizaciones judiciales, una pandemia global de por medio, sobrecostes millonarios y, en última instancia, un complejo divorcio corporativo.

Hace apenas unas semanas, a finales de abril de 2026, presenciamos la partición salomónica del complejo. Tras intentar vender todo el activo en bloque —por un valor que en su día se estimaba entre los 800 y 1.000 millones de euros bajo el mandato de Santander y Rothschild—, OHLA y su socio, el fondo Mohari Hospitality (propiedad del multimillonario Mark Scheinberg), optaron por separar sus caminos. Mohari, con un instinto afilado, se quedó con la auténtica joya de la corona: el hotel Four Seasons. Por su parte, la empresa española asumió la propiedad total del centro comercial —la Galería Canalejas— y de su estratégico aparcamiento principal, heredando de paso un paquete de 63 millones de euros de deuda asociados a esta parte de la operativa.  

No nos engañemos: gestionar un entorno de retail de superlujo y restauración no es precisamente el negocio natural de una constructora. Mientras que el Four Seasons funciona a velocidad de crucero alojando a las grandes fortunas globales, la Galería Canalejas ha tenido que pelear en las trincheras para atraer un tráfico peatonal sostenido y de calidad. Tratar de desbancar al tradicional barrio de Salamanca —con el eje intocable de las calles Serrano y Ortega y Gasset— requiere algo más que acabados de mármol y luces doradas. Prueba de ello fue el amargo trago del área 'gastro', el famoso Food Hall, que a finales de 2024 se vio abocado al concurso de acreedores al no alcanzar la afluencia de público proyectada. El consumidor de alto poder adquisitivo es caprichoso y exige un ecosistema perfecto; la rentabilidad operativa no se decreta en un plano arquitectónico, se conquista día a día.

Ante este panorama, la cúpula directiva de OHLA ha tomado la que probablemente sea la decisión más lógica y sensata desde el punto de vista de la asignación de capital: colgar el cartel de "Se Vende" al activo restante. Luis Amodio fue tajante recientemente al asegurar que hoy tienen una empresa un "95% más sana", asumiendo de facto que la época de los proyectos megalómanos ha muerto. En los mercados financieros, la valentía a menudo no consiste en retener un activo problemático por puro orgullo institucional, sino en saber liquidarlo a tiempo para proteger a los accionistas y sanear las cuentas.  

El objetivo fijado es superar esos 200 millones de euros. ¿Es una meta realista? En el actual ciclo económico y con el apetito internacional que sigue despertando el sector inmobiliario prime madrileño, es indudable que habrá family offices o fondos soberanos echando números. El principal desafío para OHLA será demostrar con datos empíricos que la Galería tiene una viabilidad comercial robusta y blindada, capaz de justificar esa alta valoración a pesar de los baches vividos en sus primeros años.

Vender Canalejas antes de las campanadas de Nochevieja es, por tanto, mucho más que una simple transacción inmobiliaria. Representa el triunfo absoluto del pragmatismo sobre la nostalgia. Para OHLA, significa la oportunidad de soltar lastre definitivamente, simplificar su estructura y prepararse para competir en lo que de verdad aporta margen: infraestructuras complejas y concesiones. Una maniobra corporativa que demuestra que, a veces, para que una compañía vuelva a brillar, el movimiento más inteligente es saber exactamente de qué activos debe desprenderse.


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